Mujeres Maestras

Vino a Chile en busca de oportunidades y las encontró en la constru

Autor: Pavel Burton H., publicado el

“Me cambié al mundo de la constru haciendo aseo, pero de ahí empecé a aprender el trabajo de los maestros. Hoy soy capaz de hacer trabajos de ceramistas, de pinturas y mueblería”, relata Peñafiel

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En busca de mejores oportunidades laborales, Julia Peñafiel (46) fue una de las tantas personas de dicho país que llegaron a Chile. De momento que llegó, encontró trabajo rápidamente en el aseo de una conocida clínica. Sin embargo, por circunstancias de la vida llegó a trabajar en labores de sanitización en una obra de construcción. Desde ahí su carrera fue en constante ascenso, aprendiendo de sus pares y dedicándose hoy de lleno a las labores del rubro maestro.

“Me cambié al mundo de la constru haciendo aseo, pero de ahí empecé a aprender el trabajo de los maestros. Hoy soy capaz de hacer trabajos de ceramistas, de pinturas y mueblería”, relata Peñafiel a La Cuarta Constructor.

Según asegura, la maestra encontró su vocación en el mundo. Es que la construcción realmente la apasiona, y hasta la ayuda de forma terapéutica a desconectarse de todos sus problemas.

“A mi me gusta el trabajo de la construcción. Es otro ambiente, comparado con el trabajo en la clínica que hay que andar bien limpiecita y todo se siente bajo mucha presión. Estando en la obra uno se olvida de los problemas de la casa, porque se concentra harto en lo que está haciendo”, comenta la trabajadora, hoy principalmente enfocada al trabajo de terminaciones y cerámicas.

El apoyo familiar nunca falla

«El trabajo en la constru es hermoso, entretenido, creativo y amistoso, pero los maestros y jornales bien saben que de repente los horarios son complicados con turnos antes del amanecer, o algunos hasta muy tarde. Además, muchas veces se requiere de labores en horas extra», complementa.

Julia Peñafiel es jefa de hogar: tiene dos hijas (una de ellas en Ecuador) y está casada. A pesar de que a veces los turnos le han generado problemas y discusiones, el apoyo de su familia en este camino es incondicional.

“Al principio fue un poco complicado por los turnos, porque de repente hay que hacer horas extras, y mi hija menor siempre me reclamaba que no tenía tiempo para ella los días sábados. Pero ahora que ella acaba de salir de cuarto medio y está haciendo su práctica, se da cuenta de lo que es trabajar. Pero tanto mi pareja como ella siempre me apoyan”, señala.

Para finalizar, la maestra asegura que el aporte que brindan las mujeres al mundo de la construcción es fundamental gracias a la garra que ponen en cada labor.

“Me he dado cuenta que la mayoría de las mujeres que trabajamos ahí, como dicen los chilenos, somos bien aperradas, aunque tengamos nuestros problemas. Siempre lo damos todo y más”, cierra.